El entorno internacional del régimen político mexicano entraña grandes retos. La globalización de la política y la economía mundial vuelve impostergable que la política exterior de México se someta a una seria revisión si se desea cumplir con la necesidad de que México sobreviva con éxito a los cambios del sistema internacional después de la Guerra Fría y del 9/11. Son innumerables los temas de los que ha dependido y dependerá México en esta materia pero, sobre todo, serán muchas las exigencias que este contexto cambiante le planteará. No será ocioso, entonces, debatir con amplitud acerca de la naturaleza de la política exterior y sentar las condiciones para que se emprenda una reflexión sobre si ésta debiera proyectarse como una de intereses, de principios, o de una combinación sensata de ambos.

Después de todo, la elaboración de la política exterior es una actividad necesaria del Estado moderno. Como todo en política, una política exterior no es inamovible como no lo es la realidad que circunda las decisiones estratégicas que se toman en defensa de intereses nacionales: con frecuencia se da el caso de que ésta tiene que modificar sus prioridades programáticas en función de los cambios históricos; pensar lo opuesto es ignorar los términos que la cambiante realidad internacional impone. Se trata de sugerir y eventualmente impulsar la elaboración de una estrategia de política internacional, no sólo comprensiva, sino encaminada a cumplir con la tarea que ésta siempre ha tenido en el mundo desarrollado: ejercer una vigilancia constante sobre los cambios permanentes que ocurren en política mundial. Estimo que no se puede concebir otra forma de definir una política exterior estratégica, visionaria y de largo plazo, y que a la vez sea resolutiva; es decir, que responda con soluciones concretas a las necesidades que le presentan los acontecimientos mundiales.

via La relación bilateral: la prueba del ácido.